Existen almas aventuradas que deciden salir a remar y esperar la noche para disfrutar  de una puesta de sol, navegar con luna llena o hacerlo en las últimas horas de oscuridad, para recibir el amanecer. Es una experiencia poética y  gratificante, pero hay que tener en cuenta que pueden correrse riesgos si no se toman precauciones.

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